Trump propone un tope del 10% a los intereses de las tarjetas de crédito y desata choque con la banca
La iniciativa, que podría ahorrar hasta $100 mil millones al año a los consumidores, enfrenta una fuerte oposición de Wall Street y del sector financiero

NUEVA YORK — Retomando una promesa de campaña, el presidente Donald Trump propuso imponer un tope del 10% a las tasas de interés de las tarjetas de crédito por un período de un año, una medida que, según investigadores, podría ahorrar a los estadounidenses decenas de miles de millones de dólares, pero que ya provocó una inmediata reacción en contra de la industria bancaria, tradicional aliada de su administración.
Trump no precisó en una publicación en su red Truth Social si el límite se aplicaría mediante una orden ejecutiva o a través de la legislación. Sin embargo, el senador republicano Roger Marshall, de Kansas, afirmó haber conversado con el mandatario y aseguró que trabajará en un proyecto de ley con su “pleno respaldo”. El presidente dijo esperar que el tope entre en vigor el 20 de enero, al cumplirse un año de su regreso a la Casa Blanca.
“Ya no vamos a permitir que el público estadounidense sea estafado por compañías de tarjetas de crédito que cobran tasas de interés del 20% al 30%”, escribió Trump.
La propuesta desató una fuerte oposición de Wall Street y de las empresas emisoras de tarjetas, que contribuyeron generosamente a la campaña presidencial de Trump en 2024 y han respaldado su agenda en este segundo mandato. Los bancos sostienen que un límite de este tipo afectaría principalmente a los consumidores de menores ingresos, al restringir o eliminar líneas de crédito y empujarlos hacia alternativas más costosas como los préstamos de día de pago o las casas de empeño.
De acuerdo con el Buró de Protección Financiera del Consumidor (CFPB por sus siglas en ingles), unos 195 millones de personas en Estados Unidos tenían tarjetas de crédito en 2024 y pagaron alrededor de 160 mil millones de dólares en intereses. La deuda total por tarjetas alcanzó un récord de 1,23 billones de dólares, según datos del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.
Actualmente, los estadounidenses pagan en promedio entre 19,65% y 21,5% de interés en sus tarjetas, niveles cercanos a los máximos desde que los reguladores federales comenzaron a seguir estas tasas en la década de 1990. Hace una década, el promedio rondaba el 12%.
Investigadores que analizaron la promesa de Trump estiman que un tope del 10% permitiría ahorrar cerca de 100 mil millones de dólares al año. Aunque la industria sufriría un impacto significativo, seguiría siendo rentable, aunque con una posible reducción de recompensas y beneficios para los usuarios.
La administración republicana había sido hasta ahora especialmente favorable al sector financiero. Capital One enfrentó poca resistencia de la Casa Blanca al concretar en 2025 la compra de Discover Financial, creando la mayor compañía de tarjetas de crédito del país. Además, el CFPB ha quedado prácticamente inoperante desde que Trump asumió el cargo.
En un comunicado conjunto, la Asociación Americana de Banqueros y otros grupos rechazaron la propuesta: “Si se aprueba, este tope solo empujará a los consumidores hacia alternativas menos reguladas y más costosas”.
Algunos expertos advierten que los topes de interés pueden excluir del crédito a personas con menor solvencia. Estudios señalan que en estados como Arkansas, donde existe un límite estricto del 17%, los consumidores de bajos ingresos enfrentan mayores barreras de acceso. Según el investigador Brian Shearer, de la Universidad de Vanderbilt, un tope del 10% podría reducir el crédito para quienes tengan puntajes inferiores a 600.
Aun así, la iniciativa ha generado apoyos bipartidistas. Los senadores Bernie Sanders e Josh Hawley presentaron en febrero un plan para fijar un límite del 10% por cinco años, mientras que las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez y Anna Paulina Luna impulsan propuestas similares en la Cámara de Representantes.
La Casa Blanca no respondió a preguntas sobre los mecanismos para aplicar el tope ni sobre posibles conversaciones con las compañías de tarjetas, pero el debate ya perfila un nuevo enfrentamiento entre la administración Trump y el poderoso sector financiero.



